Hoy ha sido un día en el que podría haber aprovechado parte de mi energía en algo productivo y, en lugar de eso, me he dedicado a cultivar mi sociabilidad para ver si podía despejarme la cabeza. Ultimamente la tengo más en otros ojos.
El parloteo sobre nada en concreto atrae al besugo a hacerse el sabihondo. Amenudo dejo claro que no me importa equivocarme y que sé que puede que me equivoque al pensar sobre una diferencia con mi actitud, pero hay cosas que personalmente no atribuyo a la forma de ser sino a la actitud social que tienes, a tu jodido ánimo y el que compartes con los demás.
Donde me encuentre no importa, lo que importa es la compañía y lo que somos juntos. Descaradamente desagradeces la compañía cuando optas por dejarte llevar por la ira y tu malestar, contigo mismo o con cualquier otro, y lo enfocas hacia los que te acompañan en un fracasado intento por expresarte.
Cada vez lo pienso más. Yo no soy nadie para decirle a nadie cómo ha de hacer nada, pero la intención del consejo, de la ayuda con buen final con un ápice de altruismo, induce a la aparición del típico corrector y entonces me encuentro con que hay molestia y recelo por el saberhacer y el recordar la ausencia de conocimientos, poniendo así en evidencia los fallos de los demás. La cosa no va así. No se trata de... "Ahora todos saben que no sé darle a la pelota"; si no sabes, no sabes. Y a mí no me importa compartir y transmitir los conocimientos que poseo sobre el mundo que me rodea. ¿Por qué no dialogar y reconocer los defectos de uno? Expresar lo que sientes y olvidarte del resto, sólo aprender sobre ti y lo que ya conoces.
La vida está para eso. Porque así es el hombre. Un depredador. Y así soy yo. Un esagerao.
El parloteo sobre nada en concreto atrae al besugo a hacerse el sabihondo. Amenudo dejo claro que no me importa equivocarme y que sé que puede que me equivoque al pensar sobre una diferencia con mi actitud, pero hay cosas que personalmente no atribuyo a la forma de ser sino a la actitud social que tienes, a tu jodido ánimo y el que compartes con los demás.
Donde me encuentre no importa, lo que importa es la compañía y lo que somos juntos. Descaradamente desagradeces la compañía cuando optas por dejarte llevar por la ira y tu malestar, contigo mismo o con cualquier otro, y lo enfocas hacia los que te acompañan en un fracasado intento por expresarte.
Cada vez lo pienso más. Yo no soy nadie para decirle a nadie cómo ha de hacer nada, pero la intención del consejo, de la ayuda con buen final con un ápice de altruismo, induce a la aparición del típico corrector y entonces me encuentro con que hay molestia y recelo por el saberhacer y el recordar la ausencia de conocimientos, poniendo así en evidencia los fallos de los demás. La cosa no va así. No se trata de... "Ahora todos saben que no sé darle a la pelota"; si no sabes, no sabes. Y a mí no me importa compartir y transmitir los conocimientos que poseo sobre el mundo que me rodea. ¿Por qué no dialogar y reconocer los defectos de uno? Expresar lo que sientes y olvidarte del resto, sólo aprender sobre ti y lo que ya conoces.
La vida está para eso. Porque así es el hombre. Un depredador. Y así soy yo. Un esagerao.
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