sábado, 12 de junio de 2010

Fuego.

¿Dónde están las llamas en las que he de arder? ¿Cuándo saltará la chispa? ¿Soy yo quien tiene que escoger el momento? Me siento sucio por indeciso. Por intentar maquillar la realidad y oprimirme. Por no dejarme llevar para evitar lo inevitable. Por ir por el camino que no me sale de la poya cambiar. Por pisar firme y asumir mis errores.

Estoy podrido. Aunque lo intente, jamás podré redimirme. No hasta que me acepte tal y como soy. Cuando reconozca qué es lo que quiero y lo que no quiero. Cuando sea capaz de dejar a un lado las niñerías del recuerdo y la infancia y ser realista. Tomar decisiones no es tarea fácil pero hay que ser ágil. Hay un tren, pasa una vez...

Ahora que me expreso, hiero. Porque soy árido y duro de labrar. La tierra y las raíces me succionan y me ahogan. Porque soy débil de voluntad. Podría ser bipolar, no sé, sólo sé que lo que menos quiero hacer es lo que debo hacer. Me enseñaron a saber distinguirlo y a completar el deber. Aceptar los resultados y mejorarlos. Pero no me enseñaron a sentirme satisfecho. A quererme y a querer. A dar besos. A decir cumplidos. A dar caricias.

Sólo por salvar un culo de pincharse con una chincheta me siento yo antes y me callo. Muerdo fuerte cuando me reprimo. Últimamente la mandíbula ejercito. Sólo cuando arda la llama en el pecho seré capaz de demostrarlo todo. Sólo cuando sude mi espíritu seré capaz de dejar a un lado las consecuencias y las condiciones.

Quema mi alma y quema mi odio.
Quema mis manos y quema mis ojos.
Quema mis labios y espárcelo todo.

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