sábado, 14 de mayo de 2011

Desaparece

Me estoy volviendo loco. Cada vez lo tengo más claro. Lo único que hago es esperar, y esperando se me quema el alma. Las conveniencias de este mundo me dan ardores. No soy capaz de aprovecharme de los demás, ¿por qué?

Soy un marica. Ya hasta dudo de mi capacidad para relacionarme. Tengo dificultades para reconocer mis necesidades. Tengo dificultades para entender a aquellos que pueden satisfacer las necesidades que creo que tengo, y por ello, no consigo satisfacerlas. Dicen que la vida es cuesta arriba hasta los 30-40 años... Yo tengo la sensación de que voy cuesta abajo, sin rumbo, sin frenos, sin ganas de frenar.

Ojalá fuese capaz de llorar, pero no lo soy. No soy capaz de expresar lo que realmente siento. No soy capaz de reconocer mis propios errores y eso me está consumiendo. Lo peor de todo es que no le pongo remedio. Ni si quiera sé por qué escribo nada, por qué llamo a nadie, por qué me presento a la gente. Lo mejor que podría hacer sería desaparecer para siempre.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Me olvidé de ti.

Oh... Cuánto tiempo hace desde la última vez que nos vimos, la última vez que nos hablamos. Han pasado tantas cosas que no sé por donde empezar. Quizás debería dejar a un lado el qué y plantear directamente el cómo. ¿Qué cómo? El cómo puede ser que siga siendo como soy y no me aproveche de todas las oportunidades que veo.

Cada día que pasa me doy más cuenta de lo mucho que importa el presente y el cómo lo gastamos con los que nos rodean. Lo importante es ser sincero en cada instante, y saber mentir si ese instante lo precisa. Ya no sé qué es lo que realmente me conviene. No sé si debo satisfacer mi ego, o debo satisfacer mi espíritu. Puede que ambos sean lo mismo, aunque siento que no es así. Lo que siento es el peso de todos mis errores cayendo sobre mis hombros. ¿Dónde está? No lo sé, sólo sé que no la merezco aún. Sólo sé que he de pagar por todos mis errores y el tiempo es quien cobra. Me quedé casi sin amigos, pero he recuperado otros. Ahora la distancia aumenta, aparecen nuevas enemistades y lo peor de todo es que no soy capaz de vivir el amor.

Pido perdón a aquellos que les fallé, pues volveré a fallar y tendré que pedir perdón dos veces.

domingo, 24 de octubre de 2010

Masticando Cristal

Ahí van, como quien ve al médico una vez al mes y luego no quieres ni acordarte de lo que te dijo con tal de no cabrearte. Pero lo gracioso es, que aun pasando el tiempo, discutiendo que vayamos poco, que se nos vea poco el pelo, luego esperan otra vez lo mismo de antes de nosotros. Parece que no entendieron que preferimos otro estilo. Yo no puedo masticar cristal. No lo necesito.

Se hacen daño, y no lo ven. Me siento idiota últimamente por callarme muchas cosas, pero pienso que no es de mi incumbencia corregir a nadie, desviar el camino de otro por un consejo; da igual como se lo tome, consejo es. Pero prefiero no interactuar con ciertos individuos dada su propensión a creerse el centro de todo y desconfíar a la mínima, a tener que soltar un sermón o entablar una acalorada discusión para que al final parezca que el malo soy yo. Qué más da, la decisión ya está tomada. Al final, hice bien en no meterme en ello.

Cuida de los tuyos. Eso me digo. Pero los míos no se dejaron cuidar y ahora no tengo que pensar en nadie nada más que en mí. Pero no lo consigo. No me conozco, ya no. Las cosas van solas. Suerte que algunos se aferran a la realidad y tengo referencia para salir del pozo, que si no... Seguro que estaría masticando cristal.

viernes, 22 de octubre de 2010

Incursiones

Los tengo controlaos. Ellos a mí no. Aunque crean que sí. Los tengo calaos. Y ellos a mí también. Muchas horas juntos. Pero el truco de hacerse el tonto sigue funcionando. Me subestiman porque no saben lo que pienso de verdad. Me subestiman porque no me "divierto" o porque "sacrifico" mi tiempo. Pero no se dan cuenta de que eso es motivo más que suficiente para tenerme a mí más controlao que a ninguno. De todas formas, ese no es el punto.

Ha pasado bastante tiempo desde que me dije a mí mismo que no son de fíar, que no valen nada, que no tienen nada para mí. Pero el corazón es más débil que la voluntad y perdona. Mi mente y mis recuerdos no. Pero mi corazón otorga el perdón a aquellos que fallaron en su camino y en el mío. Por eso mismo, he vuelto a mostrarme en su presencia. He vuelto a pisar el asfalto con ellos, como si de una manada de perros se tratase. Curiosamente, todo sigue igual, puede que mejor para unos que para otros. Cuando me pregunto si he sacado algo bueno... No obtengo respuesta. Porros, yerba, eso es todo lo que ofrecen. Ya no hay reflexiones, conversaciones con sentido, amistad, tolerancia, respeto... Ya no. Ahora sólo se tiene en cuenta con quién cuentas. Pues yo no cuento con nadie nada más que con el Cremas. Porque para mí ha estao siempre ahí, le guste o no, compartiendo el momento y lo que sentimos. Sea bueno, o sea malo. Entre nosotros siempre ha habido comunicación. Mientras que con otros, cuando parecía comunicación... En realidad era por compromiso, por dar la razón al que se cree que la tiene, para que así sea feliz. Yo no juego a ese juego.

Los reproches salen caros según a quién se los hagas. Yo no soy la novia de nadie. Yo no tengo que rendirles cuentas por querer seguir un camino. Por más veces que aparezca en su ambiente, seguiré siendo el mierdas por no querer ser un loco.

martes, 14 de septiembre de 2010

Nublado

Cuando lo que intentamos construir se nos derrumba encima, normalmente nos rendimos. Y es normal, creo yo, porque desanima ver tirado el esfuerzo invertido. Quizás es por no dar la talla, o quizás es porque es lo que uno se merece. Pero sea lo que sea, no hay que rendirse, ni tampoco dejarse amedrentar por la dificultad de la situación.

Cada día me despierto sumido en pensamientos de soledad. Hace tanto tiempo que soy incapaz de conseguir lo que quiero... Que ya me he olvidado incluso de plantearlo. Total... Al final pasará lo mismo otra vez. Soy el tipo más soso y aburrido del lugar. Quizás es mi falta de ganas de ser el centro de atención. O quizás es mi malafollá. No... Lo que me ocurre es que llevo deprimido demasiado tiempo y no encuentro nada que me alegre el día. Ni siquiera mi propio arte puede evadirme. Ya no consigo concentrarme como antes lo hacía. Ya no consigo sentirme como antes me sentía. El tiempo pasa y con ello las ganas de hacer cualquier cosa. Fumar no me ayuda. Pero me hace olvidar. Olvidarte. Olvidar que no estás. Olvidar las cagadas que he hecho, aun sin querer que provocasen la reacción que provocaran. Olvidar todo lo malo de mi ser. Pero no lo borra. Eso he de hacerlo yo. Y no hago nada...

Todo cuanto quiero, no es difícil conseguirlo, pero son tantas las cosas que quiero mantener... Tanto "quiero quiero quiero", cuando lo que apremia es "necesito necesito necesito". Me siento mal conmigo mismo, por no estar ahí cuando es debido. Por escoger otro camino mi destino ya está escrito. NO. Me niego a aceptar eso. No.

Haré lo que sienta. Pero... Ya no sé qué es lo que siento.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Bucle

Y aquí me encuentro de nuevo. Inmerso en mi propia paranoia. Destruyendo poco a poco las neuronas que tengo. Pagando a plazos mi vida. Perdiendo el sentido. Siendo yo.

Descontrolo cuanto conozco para luego cogerlo de nuevo y mantenerlo cerca. Demuestro mi capacidad de convergencia cuando aquellos que intentan enrevesar la situación para inclinar la balanza a su favor se dan de bruces con un muro de incomprensión que es mi cara, mis gestos, mis emociones. No sabrán jamás lo que pienso, salvo que yo les dé una idea. Más lejos que nunca, y más cerca de lo que jamás estarán.

La actitud lo es todo. Aun cuando no puedas controlarla. Incluso si todo lo que haces se vuelve del revés, la actitud siempre positiva, siempre eficiente, siempre decidido.

Siguen equivocándose conmigo, todo porque se les permite. No me importa, nunca me ha importado. Algo que me importa es la verdad y, por consiguiente, la mentira. Si me miras a los ojos, no me mientas. Si confías en mí, no me mientas. Si quieres algo de mí, no me mientas. Pero no se pueden transmitir las intenciones a todos, es lo malo de no expresar ciertos pensamientos.

Una vez más me encuentro en una fase transitoria, esperando, al acecho, controlando mi entorno, escuchando atentamente, moviendo los hilos sin que se me vea, pero... ¿Para qué? Prefiero quedarme sólo que aguantar miradas complacientes, pero incomprensivas.

domingo, 1 de agosto de 2010

Mantén el control

Hay millones de maneras de morir. No está en nuestra mano escoger cuál de ellas será. ¿De qué sirve decidir hasta dónde quieres llegar? ¿De qué sirve querer morirse antes de ser lo suficientemente viejo como para no valerse por uno mismo? ¿De qué sirve imaginarse la muerte de uno mismo?

De nada.

Lo único que importa es la actitud que tengas ante la vida, ante los acontecimientos que en ésta se desarrollen. La actitud nos define; nos marca el camino. Lo que hagamos va a depender intrínsecamente de nuestra actitud. Lo que nos rodea se va a ver afectado por lo que pensemos y lo que sintamos. Podemos autosugestionarnos emociones. Lo sabemos que podemos, pero no lo llevamos a cabo. ¿Por qué? Porque le damos demasiada importancia a lo que realmente sentimos y no nos centramos en lo que deberíamos sentir, ni lo que nos conviene sentir.

No hay una forma sencilla y directa de hacerlo. No hay una forma de identificar qué pensamientos serán perjudiciales y cuáles no. Depende del juicio de cada uno. Por eso, hay que autoeducarse bien. Conceder un margen de segundos para procesar lo que queremos sentir en cada momento y no permitir que las situaciones nos lleven a nosotros, en lugar de llevar nosotros el control de lo que esas situaciones nos afectan.

Enfin, todo cuanto hagamos será poco, pues el control no se puede tener siempre, pero si que está bien mantenerlo durante un tiempo... O eso creo...