Los tengo controlaos. Ellos a mí no. Aunque crean que sí. Los tengo calaos. Y ellos a mí también. Muchas horas juntos. Pero el truco de hacerse el tonto sigue funcionando. Me subestiman porque no saben lo que pienso de verdad. Me subestiman porque no me "divierto" o porque "sacrifico" mi tiempo. Pero no se dan cuenta de que eso es motivo más que suficiente para tenerme a mí más controlao que a ninguno. De todas formas, ese no es el punto.
Ha pasado bastante tiempo desde que me dije a mí mismo que no son de fíar, que no valen nada, que no tienen nada para mí. Pero el corazón es más débil que la voluntad y perdona. Mi mente y mis recuerdos no. Pero mi corazón otorga el perdón a aquellos que fallaron en su camino y en el mío. Por eso mismo, he vuelto a mostrarme en su presencia. He vuelto a pisar el asfalto con ellos, como si de una manada de perros se tratase. Curiosamente, todo sigue igual, puede que mejor para unos que para otros. Cuando me pregunto si he sacado algo bueno... No obtengo respuesta. Porros, yerba, eso es todo lo que ofrecen. Ya no hay reflexiones, conversaciones con sentido, amistad, tolerancia, respeto... Ya no. Ahora sólo se tiene en cuenta con quién cuentas. Pues yo no cuento con nadie nada más que con el Cremas. Porque para mí ha estao siempre ahí, le guste o no, compartiendo el momento y lo que sentimos. Sea bueno, o sea malo. Entre nosotros siempre ha habido comunicación. Mientras que con otros, cuando parecía comunicación... En realidad era por compromiso, por dar la razón al que se cree que la tiene, para que así sea feliz. Yo no juego a ese juego.
Los reproches salen caros según a quién se los hagas. Yo no soy la novia de nadie. Yo no tengo que rendirles cuentas por querer seguir un camino. Por más veces que aparezca en su ambiente, seguiré siendo el mierdas por no querer ser un loco.
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