Olvídame. Borra mi número. Quítame de tu lista de contactos. No quiero hablar contigo. Me miraste como miras a los que usas cuando yo te dejé claro que no dejaría que me usases. Y lo hiciste. Una y otra vez. Dejaste pistas dónde no debías. ¿Quieres ponerme celoso? ¿Acaso piensas que pueden conmigo así? No sabes hacerme daño. Pero incordias. Como una mosca. Como una vieja en una estrecha y transitada calle. Como un niño que no consigue lo que quiere.
Generas el caos por voluntad. No por inercia. Te equivocas si me mientes, porque tus actos revelan tus mentiras. Tu inconsistencia me decepciona. Tras todos estos años... Ya nada importa. Lo dejaste claro hace tiempo. Soy un tonto que no quiere ver. Por confiar en aquellos que dicen decir verdades pero sólo interés guardan en sus costales. Mentiras que se clavan como puñales en mi corazón. Mi gente lo sabe, que yo soy de los pocos subnormales que dan por dar, por no querer tener ná de ná sin que los que a mi lado están lo disfruten antes. Pero, por lo visto, tú no compartes mi punto de vista.
Ahora no me importa lo que pienses, ni la realidad que vivas. Sólo queda la verdad en el aire. Para mí, cada vez que te mire, sostendré un grito en el alma, por no herirte. Pero me gustaría que supieras que cuando hablas ya no te creo. Ni cuando me dices "te quiero", ni cuando te despides con un "hasta luego", ni cuando me dices "conmigo eres bueno", ni cuando sonríes y maldices luego, ni cuando te advierto que te vas a quemar, te quemas y lloras por jugar con fuego, ni cuando me dices "de ti aprendo", ni cuando me cuentas tus problemas, ni cuando te callas que no tragas con tu vida por no estar aquí conmigo y no sabes si decirlo por miedo a lo que puede ser tu realidad.
Que me olvides.
No hay comentarios:
Publicar un comentario