domingo, 24 de octubre de 2010

Masticando Cristal

Ahí van, como quien ve al médico una vez al mes y luego no quieres ni acordarte de lo que te dijo con tal de no cabrearte. Pero lo gracioso es, que aun pasando el tiempo, discutiendo que vayamos poco, que se nos vea poco el pelo, luego esperan otra vez lo mismo de antes de nosotros. Parece que no entendieron que preferimos otro estilo. Yo no puedo masticar cristal. No lo necesito.

Se hacen daño, y no lo ven. Me siento idiota últimamente por callarme muchas cosas, pero pienso que no es de mi incumbencia corregir a nadie, desviar el camino de otro por un consejo; da igual como se lo tome, consejo es. Pero prefiero no interactuar con ciertos individuos dada su propensión a creerse el centro de todo y desconfíar a la mínima, a tener que soltar un sermón o entablar una acalorada discusión para que al final parezca que el malo soy yo. Qué más da, la decisión ya está tomada. Al final, hice bien en no meterme en ello.

Cuida de los tuyos. Eso me digo. Pero los míos no se dejaron cuidar y ahora no tengo que pensar en nadie nada más que en mí. Pero no lo consigo. No me conozco, ya no. Las cosas van solas. Suerte que algunos se aferran a la realidad y tengo referencia para salir del pozo, que si no... Seguro que estaría masticando cristal.

viernes, 22 de octubre de 2010

Incursiones

Los tengo controlaos. Ellos a mí no. Aunque crean que sí. Los tengo calaos. Y ellos a mí también. Muchas horas juntos. Pero el truco de hacerse el tonto sigue funcionando. Me subestiman porque no saben lo que pienso de verdad. Me subestiman porque no me "divierto" o porque "sacrifico" mi tiempo. Pero no se dan cuenta de que eso es motivo más que suficiente para tenerme a mí más controlao que a ninguno. De todas formas, ese no es el punto.

Ha pasado bastante tiempo desde que me dije a mí mismo que no son de fíar, que no valen nada, que no tienen nada para mí. Pero el corazón es más débil que la voluntad y perdona. Mi mente y mis recuerdos no. Pero mi corazón otorga el perdón a aquellos que fallaron en su camino y en el mío. Por eso mismo, he vuelto a mostrarme en su presencia. He vuelto a pisar el asfalto con ellos, como si de una manada de perros se tratase. Curiosamente, todo sigue igual, puede que mejor para unos que para otros. Cuando me pregunto si he sacado algo bueno... No obtengo respuesta. Porros, yerba, eso es todo lo que ofrecen. Ya no hay reflexiones, conversaciones con sentido, amistad, tolerancia, respeto... Ya no. Ahora sólo se tiene en cuenta con quién cuentas. Pues yo no cuento con nadie nada más que con el Cremas. Porque para mí ha estao siempre ahí, le guste o no, compartiendo el momento y lo que sentimos. Sea bueno, o sea malo. Entre nosotros siempre ha habido comunicación. Mientras que con otros, cuando parecía comunicación... En realidad era por compromiso, por dar la razón al que se cree que la tiene, para que así sea feliz. Yo no juego a ese juego.

Los reproches salen caros según a quién se los hagas. Yo no soy la novia de nadie. Yo no tengo que rendirles cuentas por querer seguir un camino. Por más veces que aparezca en su ambiente, seguiré siendo el mierdas por no querer ser un loco.