Cuando lo que intentamos construir se nos derrumba encima, normalmente nos rendimos. Y es normal, creo yo, porque desanima ver tirado el esfuerzo invertido. Quizás es por no dar la talla, o quizás es porque es lo que uno se merece. Pero sea lo que sea, no hay que rendirse, ni tampoco dejarse amedrentar por la dificultad de la situación.
Cada día me despierto sumido en pensamientos de soledad. Hace tanto tiempo que soy incapaz de conseguir lo que quiero... Que ya me he olvidado incluso de plantearlo. Total... Al final pasará lo mismo otra vez. Soy el tipo más soso y aburrido del lugar. Quizás es mi falta de ganas de ser el centro de atención. O quizás es mi malafollá. No... Lo que me ocurre es que llevo deprimido demasiado tiempo y no encuentro nada que me alegre el día. Ni siquiera mi propio arte puede evadirme. Ya no consigo concentrarme como antes lo hacía. Ya no consigo sentirme como antes me sentía. El tiempo pasa y con ello las ganas de hacer cualquier cosa. Fumar no me ayuda. Pero me hace olvidar. Olvidarte. Olvidar que no estás. Olvidar las cagadas que he hecho, aun sin querer que provocasen la reacción que provocaran. Olvidar todo lo malo de mi ser. Pero no lo borra. Eso he de hacerlo yo. Y no hago nada...
Todo cuanto quiero, no es difícil conseguirlo, pero son tantas las cosas que quiero mantener... Tanto "quiero quiero quiero", cuando lo que apremia es "necesito necesito necesito". Me siento mal conmigo mismo, por no estar ahí cuando es debido. Por escoger otro camino mi destino ya está escrito. NO. Me niego a aceptar eso. No.
Haré lo que sienta. Pero... Ya no sé qué es lo que siento.
martes, 14 de septiembre de 2010
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Bucle
Y aquí me encuentro de nuevo. Inmerso en mi propia paranoia. Destruyendo poco a poco las neuronas que tengo. Pagando a plazos mi vida. Perdiendo el sentido. Siendo yo.
Descontrolo cuanto conozco para luego cogerlo de nuevo y mantenerlo cerca. Demuestro mi capacidad de convergencia cuando aquellos que intentan enrevesar la situación para inclinar la balanza a su favor se dan de bruces con un muro de incomprensión que es mi cara, mis gestos, mis emociones. No sabrán jamás lo que pienso, salvo que yo les dé una idea. Más lejos que nunca, y más cerca de lo que jamás estarán.
La actitud lo es todo. Aun cuando no puedas controlarla. Incluso si todo lo que haces se vuelve del revés, la actitud siempre positiva, siempre eficiente, siempre decidido.
Siguen equivocándose conmigo, todo porque se les permite. No me importa, nunca me ha importado. Algo que me importa es la verdad y, por consiguiente, la mentira. Si me miras a los ojos, no me mientas. Si confías en mí, no me mientas. Si quieres algo de mí, no me mientas. Pero no se pueden transmitir las intenciones a todos, es lo malo de no expresar ciertos pensamientos.
Una vez más me encuentro en una fase transitoria, esperando, al acecho, controlando mi entorno, escuchando atentamente, moviendo los hilos sin que se me vea, pero... ¿Para qué? Prefiero quedarme sólo que aguantar miradas complacientes, pero incomprensivas.
Descontrolo cuanto conozco para luego cogerlo de nuevo y mantenerlo cerca. Demuestro mi capacidad de convergencia cuando aquellos que intentan enrevesar la situación para inclinar la balanza a su favor se dan de bruces con un muro de incomprensión que es mi cara, mis gestos, mis emociones. No sabrán jamás lo que pienso, salvo que yo les dé una idea. Más lejos que nunca, y más cerca de lo que jamás estarán.
La actitud lo es todo. Aun cuando no puedas controlarla. Incluso si todo lo que haces se vuelve del revés, la actitud siempre positiva, siempre eficiente, siempre decidido.
Siguen equivocándose conmigo, todo porque se les permite. No me importa, nunca me ha importado. Algo que me importa es la verdad y, por consiguiente, la mentira. Si me miras a los ojos, no me mientas. Si confías en mí, no me mientas. Si quieres algo de mí, no me mientas. Pero no se pueden transmitir las intenciones a todos, es lo malo de no expresar ciertos pensamientos.
Una vez más me encuentro en una fase transitoria, esperando, al acecho, controlando mi entorno, escuchando atentamente, moviendo los hilos sin que se me vea, pero... ¿Para qué? Prefiero quedarme sólo que aguantar miradas complacientes, pero incomprensivas.
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