Pocas veces se nos permite meter la pata en una situación delicada. Pocas veces acertamos con lo que decimos en una situación delicada. Pocas veces obtenemos lo que queremos y pocas lo que merecemos. Me siento vacío. Sé que tomé decisiones acertadas, porque ahora veo el resultado. Sé que no me he equivocado porque estoy bien, porque estoy sano. Sé que no me he equivocado porque mantuve el equilibrio. Pero, ¿por qué me siento vacío?
Odio la insatisfacibilidad de la adicción. Quizás lo que debería hacer sería irme lejos. Que me olviden aquellos que siguen pensando en mí, esos pocos que siguen pensando que soy una persona decente y que merece la pena estar conmigo. Me merezco la soledad por traicionar mis palabras y mis principios. Pero, ¿qué digo? Ya vivo esa soledad. Mi espíritu vaga solitario por el desierto de la incomprensión y todo es por alejarme de la realidad. Tanto me he alejado que ya no puedo acercarme a las personas. Me separé del camino de la racionalidad cuando intenté satisfacer a mi corazón, y lo que conseguí fue convertirme en una mera herramienta. Pero fue la circunstancia la que me utilizó, y yo me lancé como un kamikaze.
¿He perdido la capacidad de relacionarme? Espero que no. Espero que sólo sea que se me ha olvidado cómo hablarle a las chicas. Satisfacer el oído de una mujer. Hablarle como debes hablarle y dejar de lado la jerga para otros momentos. Pero, ¿qué le voy a hacer si pienso que hace gracia, pero no? ¿Qué le voy a hacer si me gusta que sea todo "sí, sí, sí" y nunca no? Necesito respetar a los demás más. Aceptar sus opiniones, dentro de lo que cabe, pues hay cosas que son respetables y otras que no.
Pienso demasiado en querer tocarte. Pienso demasiado en querer que me toques. Pienso demasiado en querer que pasen cosas, pero no las provoco. No puedes comer, si no cultivas primero.